Un manto de rosas amarillas..


Un manto de rosas amarillas tela a la altura del cielo me persigue hasta mi casa pero entro y sale el techo a recibirme. A recibirme. Antes no me hablaban. Me acuesto en las paredes. Antes miraba con fruición las aristas y me hacía lámina. Para escapar. Creía que las láminas atravesaban pliegues. Y solo pensaba en escaparme y cómo


Todo lo que existe vino a caer como elefante y trituró mis huesos. Me explayé en el suelo, me deshice. Cíclicamente. Cortina por detrás de la actuación. Pero en mi sangre el citrino se hizo sol y crecieron rayos de mis partes mezcla heterogénea y rectangular vista con los ojos en la tierra o más abajo. Era un sol garbanzo (se podía mirar) y se volvía ámbar y se volvía tigre y se volvía miel. Y ágata verde o escritor y se volvía rama de árbol o extensión de un brazo y duende y se volvía dios y trituró mis huesos y me filtré y crecieron rayos. Me volví a mirar


Un manto de rosas amarillas cubre mi escritorio y pongo mis piedras transparentes bajo luz. Y las flores naranjas que traen agua chorrean en mi balcón hasta que un gorrión se posa en la ventana para no cantar y me mira y me mira y me mira. Me puedo consternar con una espiga que tal vez no vi


Todavía no descifro el lenguaje de mis aloes. Pero se parecen a los huesos. Eso lo sé


Cuando cae la tarde tiende lazos de tul. Que ondulan aire denso más allá y lo que conozco es un lugar a ras de tierra entre los pies y las rodillas. Apenas tensados pero ondean vaporean son añiles como la noche y el cielo es un instante de explosión que se parece al adentro de un volcán. Vendrá la noche hasta para el océano y podré dormir. O tal vez no se distingan


Hoy me vi como un durazno abierto al medio y sin carozo. ¿Mi carozo dónde está? Imagino que puse mi carozo junto con mis piedras buenas en el escritorio sobre el mantel de cielo


El citrino es una mezcla de agua y sol. Me escurro. No quiero cantar ahora. Cuando bailo apago las luces. No es timidez. Es que quiero guardar calor. Quiero mi códice secreto, mi canton oscuro hasta para mí. Pero callar siempre está a un paso de lo no sabido y lo que entiendo. Entre lo no necesito decir y lo en verdad no sé. La palabra es una prueba, un intento, un trampolín


Mis aloes bailan y el carozo los mira con expectación. Es su público


El cielo es un lugar de éxtasis. Chorrea citrinos sobre mis huesos renacientes que hacen burbujas por lo ácido y son también fervor pero trepan por un tronco para ser


Subimos al árbol y entre las ramas vimos brotes la madera y el limón. Sobre una hoja se dio el génesis y la odisea estuve allí. Luego el cielo es una reverencia y un lugar de mi escritorio. Y devorar una naranja es parte de una visión contemplativa. Pero de una contemplación crecida de la linfa y los jugos gástricos. Una contemplación o un vibrar


Hay un abismo bajo mis pasos y puede saltar por la primera grieta y comerme. Eso también lo sé. Pero nos llevarán como al árbol me digo. Y ahora estamos recorriendo el mundo de rama en rama



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